En buena parte del mundo hay más teléfonos que bibliotecas, y más cobertura intermitente que banda ancha estable. Readom no adapta una app pensada para otro contexto: cada decisión técnica parte de esa realidad. Aquí explicamos cuáles y por qué.
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Cada byte cuesta dinero a alguien
Cuando los datos móviles se pagan por megabyte, el peso de una aplicación deja de ser un detalle de ingeniería y se convierte en una barrera de acceso. El sitio es HTML estático, sin ningún proceso de servidor detrás, y su hoja de estilos se depura al compilar para que no viaje una sola regla que no se use. Las tipografías van embebidas en la propia aplicación y nunca se piden a un servidor externo mientras lees. La app tampoco descarga catálogos completos: pide páginas pequeñas y las guarda, de modo que volver atrás no cuesta otra consulta.
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Descargas que sobreviven a una mala conexión
Una descarga que empieza de cero cada vez que se corta la señal es inservible en una red inestable. Las de Readom son reanudables: si la conexión falla al 80 %, al reintentar continúa en el 80 % en lugar de volver al principio. Cada libro se verifica con su huella SHA-256 al terminar, así que un fichero corrompido a medio camino se detecta en vez de abrirse roto. Y el catálogo se guarda en el dispositivo: puedes seguir navegando por él aunque el servidor esté caído o simplemente no tengas cobertura en ese momento.
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Sin conexión de verdad, y compartir sin internet
Una vez descargado un libro en la app, todo ocurre en tu teléfono: la lectura, el progreso, los marcadores y los ajustes. No hay ninguna llamada de red para pasar de página. La voz usa el sintetizador que ya trae Android, en lugar de descargar audiolibros que pesan cientos de megabytes. Y la traducción funciona con modelos que viven en el dispositivo, así que el texto que traduces no se envía a ningún sitio. El lector web guarda tu progreso en el propio navegador, pero leer sin conexión de verdad —y compartir libros entre móviles— requiere la app de Android.
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Cómo se pasa un libro de un móvil a otro sin cobertura
Es una función de la app de Android; el lector web no puede hacerlo, porque un navegador no puede abrir un enlace directo entre dos teléfonos. Funciona así: quien tiene los libros agrupa hasta cincuenta en un «pack» desde su biblioteca. En la pantalla Compartir cerca, un móvil se pone a compartir y el otro a recibir, y se encuentran por Bluetooth y Wi-Fi local, sin router ni internet de por medio. Antes de transferir nada, ambos teléfonos muestran el mismo código y hay que comprobar en persona que coincide: eso impide que un tercero se cuele haciéndose pasar por el otro. Al confirmar viaja primero la descripción del pack, para que quien recibe decida si lo acepta, y después los libros uno a uno, cifrados y directos entre los dos dispositivos. Nada pasa por nuestro servidor. Necesita Google Play Services; si el teléfono no lo tiene, la app lo dice y todo lo demás sigue funcionando igual.
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La privacidad aquí es arquitectura, no una promesa
Readom no tiene cuentas. No es que prometamos cuidar tus credenciales: es que no existen, y lo que no existe no se puede filtrar, vender ni perder en una brecha. Tu progreso de lectura, tu biblioteca, tus favoritos y tus ajustes viven solo en tu dispositivo y desaparecen si desinstalas la aplicación. No construimos perfiles de lectura porque no guardamos nada con lo que construirlos.
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Lo único que medimos, y lo que no controlamos
Llevamos una cuenta agregada de cuántas veces se descarga cada libro, en qué idioma y en qué día, para saber qué obras interesan y en qué lenguas hacen falta más. Ese contador no guarda tu dirección IP, ni identificadores, ni la hora exacta: es una suma anónima por libro, imposible de asociar a una persona. También declaramos lo que no está en nuestras manos: readom.org se sirve a través de Cloudflare, que nos protege de ataques y a cambio ve la IP y la dirección de cada petición; y si activas la traducción o Compartir cerca, sus componentes de Google envían telemetría técnica. Preferimos nombrar a cada intermediario antes que afirmar que no hay ninguno.
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Legal por diseño, no por descuido
Todo el catálogo es dominio público. La copia que servimos se obtuvo por el proceso oficial de réplica que Project Gutenberg ofrece a terceros, nunca rastreando su web, porque hacerlo incumpliría sus términos. El módulo que comprueba si una obra es libre en tu país usa las reglas de plazo de cada legislación y el país que tú eliges en los ajustes: no geolocalizamos tu dirección IP para averiguarlo.
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Puedes comprobarlo tú, no hace falta que nos creas
El APK de Android va firmado y publicamos su huella SHA-256 junto a la descarga, para que puedas verificar que el fichero que instalas es exactamente el que publicamos y no algo alterado por el camino. No hay publicidad, ni compras dentro de la aplicación, ni patrocinadores que puedan condicionar qué libros aparecen. Nadie paga por estar en el catálogo.
Gratis, para siempre, para cualquiera.